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Por qué desinstalé instagram de mi teléfono y cuáles son las consecuencias reales sobre mi trabajo

por | Oct 20, 2021

Una mujer muy reconocida en el mundo del marketing y la automatización me preguntó sobre mi contenido.

Yo, ingenuamente, le dije que me inspiraba en su perfil y quería llegar a su nivel de producción de contenido.

Ella me miró aterrada y me dijo:

“Dica, el contenido que tú ves lo crea un equipo de 14 personas, y 6 de ellos se dedican solo a las ideas de las publicaciones”.

¿Has visto las caricaturas donde un muñequito recibe una noticia y se le brotan todas las venas de la cabeza, hasta que le explotan los ojos?, así me sentí yo.

Me di cuenta de que había emprendido una carrera, que nunca iba a ganar.

A menos que pueda costear 14 personas, solo para mi equipo de creación de contenido.

¿Qué le queda a las emprendedoras y mentoras de a pie?

¿Realmente tiene algún sentido publicar como locas, revisar las estadísticas y ver que alguien guardó o compartió ese post?

¿Tiene sentido seguir bajo este hechizo tecnológico, así no recibamos ventas?

Yo creo que no, y por eso he decidido dejar de hacerlo.

La primera pregunta que me vino a la cabeza como un relámpago fue:

¿Cómo voy a vender ahora?

Es natural, teniendo en cuenta que fundé una empresa en línea desde mi closet y que ahora, tenemos responsabilidades y sueldos por cubrir. 

Y digo “tenemos”, porque la empresa funcionó tan bien, que mi esposo renunció a su trabajo fijo en el mundo de la publicidad, y trabaja desde hace meses con nosotros.

¿Es posible vender sin estar produciendo contenido como si fueras una fábrica de McDonald’s?

Las redes sociales funcionan como plataformas de tráfico.

Es decir que capturan la atención de los usuarios, para poder venderle esa atención a los anunciantes. 

Mientras revisas la última publicación de tu hermana y su nuevo bebé, al mismo tiempo eres “vendida” al mejor postor, por lo que te salta un vídeo con el nuevo curso de alguien o la más reciente aplicación para vencer tu problema de organización.

El modelo de negocio se sostiene de vender tu atención y la mía.

Entonces vuelvo a preguntarme:

¿Qué le queda a las emprendedoras y mentoras de a pie?

Esta categoría la he creado para agrupar a las mujeres que no son anunciantes y que, dependen de los algoritmos para darle visibilidad a su trabajo.

Si el negocio está en vender la atención: 

¿Por qué habría el algoritmo en el que han invertido MILLONES DE DÓLARES, decirle a tus seguidores que revise tu contenido cuando se los puede vender a un MEJOR postor?

Esto es importante y quiero que leas nuevamente esa pregunta.

Quiero que entiendas que tu falta de interacciones, “me gusta”, comentarios o seguidores, NO se trata de ti.

No se trata de si eres buena o mala diseñando, o si eres lo suficientemente estratega o si estás haciendo las cosas bien.

Se trata del modelo de negocio.

Hace unas semanas lanzamos una encuesta a mi lista de suscriptoras, en la que hacíamos esta pregunta:

Cuando se trata de comunicar en instagram tu experiencia personal y/o profesional ¿cuál es tu mayor reto, dificultad o temor?

Pensé que las respuestas serían del tipo: “no sé sobre el algoritmo” o “no sé hacer transmisiones en vivo”:

Pero no:

“Mi problema es sacar a la luz ideas que ya tengo, a veces lo pienso mucho o incluso lo hago, pero luego lo veo y me parece que no es tan interesante y lo descarto”

“El no saber cómo puedo aportar … Tengo ganas, pero creo que no tengo que ofrecer, no sé cómo y me da miedo que me critiquen”

“Mi gran temor es que me hagan bullying por ser gordita o por no saber dirigirme a las personas”.

“Ser ignorada y al mismo tiempo rechazada

Estas respuestas son preocupantes.

Las mujeres estamos lidiando, no con los retos tecnológicos de instagram, sino con los retos emocionales y psicológicos

En los documentos que reveló el Wall Street Journal, Facebook llegó a la conclusión, de que algunos de los problemas psicológicos de sus usuarias adolescentes, eran específicos de Instagram y no de las redes sociales en general.

Eso se debe a la comparación social, que es cuando las personas evalúan su propio valor en relación con el atractivo, la riqueza y el éxito de los demás.

Si una mujer profesional y con experiencia, mide su valor personal y profesional por la respuesta de completos desconocidos, poco a poco va cultivando una necesidad de aprobación por fuera de sí misma.

Y las mujeres tenemos historia con esto.

En 1958, Fritz Heider encontró en su investigación, que las mujeres somos más propensas a la distorsión del pensamiento.

Déjame explicártelo de manera sencilla:

En general, los hombres atribuyen su éxito a una causa externa.

Durante los exámenes finales de la carrera de psicología de la Universidad de Cornell, se encontró lo siguiente:

Los hombres suelen ver su fracaso como lo que es. Si tienen bajas notas dicen: “este examen estaba difícil”.

La distorsión de pensamiento se activa en las mujeres, haciéndolas sentir que, su éxito o fracaso, depende de causas internas, y por lo tanto, que escapan de su control.

En la misma universidad, las alumnas enfrentaban el fracaso diciendo: “es que no soy lo bastante buena”, atribuyéndolo a una causa interna*

(*ejemplo tomado del libro “El síndrome de la Impostora”, de Elisabeth Cadoche y Anne de Montarlot).

Yo misma he sufrido de ansiedad en la administración de redes sociales

En los documentos que reveló el Wall Street Journal, Facebook llegó a la conclusión, de que algunos de los problemas psicológicos de sus usuarias adolescentes, eran específicos de Instagram y no de las redes sociales en general.

Durante el 2019, me entregué por completo a la transmisión en vivo todos los días. No entendía bien el funcionamiento de instagram, porque lo estudiaba de “gurús digitales”.

Ahora entiendo que ellas estaban tan pérdidas como yo.

Esa estrategia me acercó a muchas mujeres increíbles, que se convirtieron en mis clientas y también en mis amigas digitales; pero ahora entiendo, que era absolutamente innecesario hacer eso.

Grabar 5 vídeos a la semana, sentada en mi oficina y editarlos con subtítulos, hubiera tenido el mismo efecto en la creación de mi audiencia, y me hubiera ahorrado la baja de peso, los problemas de insomnio y ansiedad que sufrí en diciembre del 2019 (ese fue mi primer “burnout”. El segundo fue en noviembre del 2020).

Hace unas semanas empecé a investigar como periodista y decidí revelarme: desinstalé instagram de mi teléfono y ya no entro a la aplicación.

Mi esposo y mi equipo se encargan de la edición de vídeos y yo escribo en Google Docs algunos textos para las publicaciones.

TODOS tienen como llamado a la acción unirse a mi lista de correos.

Es ahí donde construyo la relación de verdad con mis seguidoras, alumnas y clientas.

Mi trabajo no se ha visto afectado en lo más mínimo, y ahora están aumentando nuestros márgenes de facturación, porque me enfoco en otras estrategias (como este blog) y soy mucho más productiva.

Es por eso que decidí volver esto parte de mi misión y crear «el ABC de instagram».

En el próximo artículo te hablaré sobre los fundamentos para empezar tu propia limpieza digital y cultivar relaciones digitales REALES, con personas que sí quieran saber más de lo que haces.

Porque eso es lo que mereces.

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Escrito por: Dica Velásquez

Directora Academia de Mentoras
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